¿NAVIDAD?                         

 Poco a poco, sin que nos demos cuenta, otro año ha pasado y la Navidad ya está aquí otra vez. Las luces y los colores vuelven a iluminar nuestras calles. La publicidad de juguetes,  comidas, inunda nuestras vidas. Empiezan los planes sobre regalos, cenas, sobre fiestas, sobre vueltas a casa... Se hace análisis sobre el año que termina y se hacen nuevos y buenos propósitos para el que comienza. Deseo s de paz y felicidad se intercambian entre las personas más impensadas. El ambiente es festivo, de gozo y alegría...

Tristemente, para nuestra sociedad actual, lo único que importa es la diversión. No importa la fecha ni la ocasión, si se consigue pasarlo bien y no pensar demasiado. Casi nadie sabe por qué tiene que estar alegre y gozoso. Y si preguntamos, lo más seguro es que muy pocos mencionen al verdadero protagonista de la Navidad.

¿Acaso hemos olvidado que la Navidad es un recuerdo? Nos recuerda que Dios se hizo hombre. Que el infinito pasó a tener un cuerpo humano y que nació humilde. Que aquel niño que nació en Belén era el Creador de cielos y tierra. Que Dios vino al mundo para dar esperanza de salvación y vida eterna al hombre perdido a causa de su pecado. También nos recuerda que el Señor, en su bondad, nos ha dado un año más de vida. Ha habido días tristes y oscuros y también días gozosos y luminosos. Pero Él siempre ha estado a nuestro lado. Nunca ha dejado de mirar por nosotros, de cuidarnos, de guiarnos, de protegernos, de ayudarnos, de fortalecernos, de animarnos, de reprendernos, de amarnos...

En Navidad el creyente puede ver más allá de todas aquellas cosas que han ido escondiendo al maravilloso regalo de Dios a los ojos de la gran mayoría. Él se ha acercado nosotros para darnos salvación y también para estar con nosotros durante el tiempo que Él quiera que estemos en esta tierra.

Por eso el gozo del cristiano supera a la alegría de aquellos que nos rodean. Porque esa alegría es externa y pasajera. En pocos días terminará la fiesta, se recogerá todo, volveremos a nuestros quehaceres y todo seguirá siendo exactamente igual que antes y todos los buenos deseos y propósitos de muchos, quedarán, como siempre, en nada. Sólo quedará el consuelo de que pronto se acercará otra fiesta (¿qué importa cuál?) para poder sentirse nuevamente alegres.

En cambio el cristiano tiene el gozo que sale de dentro. Porque vive en Navidad cada instante de su vida. Porque puede sentir gratitud hacia Aquel que se hizo hombre para darnos la salvación. Porque está seguro de la compañía y la presencia de Dios en su vida. Porque sabe que El tiene el control.

Que el Señor nos ayude a ser sabios y no dejarnos arrastrar. Que disfrutemos de la Navidad por lo que Él es y lo que ha hecho por nosotros. 

 

 

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